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Una historia de piratas.
Categoría: Otros | Creado: 08.08.2018 a las 00:08 hs.
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Ciertas narraciones de aventuras se caracterizan por la acción de hombres que se persiguen, jinetes que escapan al galope desenfrenado de sus caballos, peligros en la selva, el desierto y el mar. La incógnita de lo desconocido, la lucha y la muerte, el tesoro robado. Durante los siglos XVI y XVII fueron los piratas ibucaneros los protagonistas de muchas de estas aventuras. Sus naves, tripuladas con hombres que desconocían la ley o que huían de ella, surcaron los mares en todas las direcciones haciendo la guerra por su cuenta, siempre en busca de algún fabuloso botín. Se peleaban a cañonazos, cuerpo a cuerpo con el sable en la mano durante los abordajes, y no conocían ni la piedad ni la clemencia con los vencidos. De ahí que los relatos e historias de piratas nos pertenece a hombres con piernas de palo, garfios en lugar de manos y tesoros, muchos de ellos incalculables que se escondían en lugares misteriosos y desconocidas de las islas.

El perla negra.

Era un velero de 3 palos, artillado con veinte cañones por banda y que, a pesar de su majestuoso porte, cuando se le alargaba todo el trapo, a toda vela, parecía volar sobre las aguas. Pertenecía al capitán Jhon Britton, quien la había apresado a los ingleses en aguas de Jamaica y lo cuidaba con tanto esmero como si se tratara de un ser viviente, en realidad lo amaba más que cualquier persona que el alcanzara a recordar. Jhon Britton era hombre experto en las cosas de mar no en vano fue contramaestre durante muchos años en la real madrina de su majestad, aunque una pelea con un oficial y un cuchillo diestramente manejado obligara luego a desertar, para evitar verse ahorcado, y dedicarse a la piratería.

El capitán del Perla Negra sabía hacer bien las cosas; con su experiencia de viejo marino y la colaboración de Daniel patillas, que había sido hombre de letras y era muy fiel, siempre tenía suerte.

Cuando en la taberna donde solían recalar se presentaba un hombre a ofrecerse como marinero, John britton le dejaba hablar. Al terminar, miraba Daniel el patillas. Si este cerraba los ojos, quedaba admitido. Si los mantenía abierto, John Britton exclamaba:

-Puedes largarte. No te necesito.

Daniel el patillas conocía a los hombres con sólo mirarlos.No era difícil, en aquellos azarosos tiempos, encontrar hombres dispuestos a piratear en busca de un fabuloso botín, y John britton pronto tenía completa la dotación de su navío; entonces se hacía a la mar en busca de nuevas y provechosas aventuras.


En una ocasión, el vigía del Perla Negra divisó a un barco francés; lo persiguió, no tardando en darle alcance, y con un par de andanadas, menos de cuarenta cañonazos, dejó a la nave francesa desarbolada y sin timón totalmente a Merced de los piratas.
El barco francés era más pequeño que el pirata y los hombres de la bandera negra se lanzaron al asalto más los franceses no se rindieron con facilidad.


Gracias por leerme Franklin Rejón


DP A.C
Venezuela
Autor: franklinrejon

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